EL SUEÑO IMPERATIVO
El sueño imperativo fue una exposición colectiva comisariada por Mar Villaespesa y producida por BNV Producciones en enero de 1991 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Supuso el primer gran proyecto público de BNV en el campo del arte contemporáneo y marcó el inicio de una metodología que desde entonces ha caracterizado su trayectoria: producción artística crítica, atención al contexto social e institucional, y trabajo colectivo con artistas que entienden la práctica como herramienta de intervención política.
Concebida como una reflexión sobre las relaciones entre arte, política y espacio público en el contexto de la posdictadura española, la exposición tomó como punto de partida una crítica a los modelos tradicionales de representación del poder y a la despolitización creciente del campo artístico en la España de comienzos de los años noventa. El proyecto apostó por un formato expositivo expandido: la muestra ocupó diversos espacios del Círculo de Bellas Artes —incluyendo vestíbulo, sala de juntas, salas de exposiciones y azotea— y buscó confrontar al espectador con trabajos que interrogaban de forma directa las estructuras sociales, históricas e institucionales en las que se inscribe la creación artística.
Entre los artistas participantes se encontraban figuras de relevancia internacional, cuyas obras actuaban como dispositivos críticos ante las narrativas dominantes del momento. Chris Burden, pionero del performance y la acción, presentó una obra que hablaba de las dinámicas de vigilancia y autoridad. Nancy Spero instaló Minerva Sky Goddess en la azotea del edificio: una figura mitológica femenina suspendida sobre el cielo de Madrid, símbolo de resistencia y sabiduría en un contexto urbano dominado por la iconografía patriarcal. El escultor Juan Luis Moraza presentó la instalación Compromiso patrón, que abordaba el contrato social, el lenguaje jurídico y las formas ritualizadas de obediencia. Krzysztof Wodiczko proyectó sus imágenes sobre el Arco de la Victoria —monumento franquista situado en las inmediaciones de la ciudad universitaria—, activando el espacio público como lugar de memoria y resignificación.
La exposición fue financiada mediante patrocinio privado, en concreto por la cooperativa de viviendas PSV, vinculada a UGT. Esta circunstancia permitió una autonomía económica respecto a las instituciones públicas, y abrió un espacio de colaboración con agentes que compartían inquietudes transformadoras. La recepción del proyecto fue ambivalente: si bien fue reconocido como una apuesta singular y potente en la escena cultural del momento, también evidenció los límites institucionales para integrar propuestas que desbordaban los cánones expositivos convencionales.
En términos curatoriales y de producción, El sueño imperativo ensayó muchas de las ideas que después se desarrollarían con más amplitud en proyectos como Plus Ultra (1992) o Desacuerdos (2003–2013): el cruce entre arte y política; la exposición como dispositivo discursivo; la creación de redes temporales de colaboración; y la crítica al modelo de representación hegemónica desde una práctica situada. La participación de artistas internacionales en diálogo con problemáticas locales reforzó la dimensión transnacional del proyecto, subrayando que los lenguajes del poder —y las formas de resistirlos— no conocen fronteras.
Joaquín Vázquez resume los proyectos El sueño imperativo y Plus Ultra en un texto presentado en el III Encuentro. El ensayo de la exposición (1987-1997), organizado por Bulegoa Z/B, Bilbao, 2019.
El sueño imperativo y Plus Ultra. Prácticas artísticas y tramas políticas en torno a 1992
Buenas tardes, muchas gracias por vuestra asistencia y muchas gracias a las amigas de Bulegoa y a Azkuna Zentroa por la invitación y organización de estos encuentros
Para los que no nos conocen, muy brevemente diré que BNV surge en 1988, poco después del ingreso de España en la OTAN. La entrada en la Alianza militar y la derrota del referéndum, significó el abandono del último resorte no pactado de la reforma política. La Transición se daba por terminada y se consolidaba —según palabras de Amador Fernández Savater— «…un orden político, simbólico y estético por el que la palabra, la mirada, la acción… sería a partir de entonces, administrada y vehiculada exclusivamente por las instancias de representación: partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación, instituciones culturales….». Que el voto del «NO» perdiese el referéndum, significó la liquidación del movimiento anti- OTAN, un movimiento popular auto-organizado, increíblemente poco recordado hoy en día, que activó millones de conciencias resistentes que la derrota desparramó en desencanto.
Tras esta derrota Miguel Benlloch (mi socio y amigo) y yo, que formábamos parte activa de este movimiento, también fuimos dando por terminada una militancia política que estaba articulada en torno al Movimiento Comunista, en el sindicato (como abogado de la construcción), las luchas vecinales o el movimiento gay… y comenzamos a trabajar en lo que podemos llamar la producción cultural.
Aunque nos constituimos como empresa en 1988, iniciamos nuestro trabajo en el arte contemporáneo en 1991, cuando hicimos nuestro primer proyecto con Mar Villaespesa, El sueño imperativo.
Conocimos a Mar, después de su estancia de algunos años en Estados Unidos, cuando ya era una conocida crítica de arte, tras su paso por la revista Figura Internacional y la co-fundación de la revista Arena y cuando afrontaba su primera exposición.
Joaquín Vázquez, 2019
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